Has hecho que me vuelva más tolerante, y darme cuenta, que no son las situaciones o cosas las que me desagradan, sino las personas que las ejecutan y la manera en que lo hacen.
Me has enseñado más de lo que imaginas, a reencantarme con la vida por ejemplo, a sonreír cuando no hay pretextos, a llorar cuando lo necesito sin vergüenza, sin por ello sentirme vulnerable. Me has mostrado que aún puedo encontrar personas, a quienes puedo hablarles del pasado y mis miedos, en total ausencia de absurdos juicios de valor. Frente a tí puedo ser yo misma, sin necesidad de esconderme, cubrirme bajo mi cáscara, ni aparentar falsa fortaleza.
lunes, 18 de junio de 2018
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