Ostentan felicidad, la restriegan en mi cara.
Conquistan con sonrisas ensayadas y cosméticas.
Llevan máscaras falaces, pedrería y lentejuelas.
Adornan su boca vociferando sus emblemas.
Envían señales difusas, envenenadas saetas...
A qué le temen tanto? A quién elevan sus plegarias cuando mi sombra acecha tras su puerta? Cuando llueve sangre y muerte sobre sus cabezas, los azota sin piedad mi vendaval y mi tormenta...
El suelo crepita, estalla, incendia! Ante mi perfume languidecen sus certezas.
Soy quien pone vidrio molido en sus gargantas...
Soy la impía, la sin fe... el espectro que descuartiza tus secretos, asola el porvenir, te agarra firme por el cuello asfixiando la esperanza... quien cubre con su velo fúnebre el sol de tus ventanas.
Soy la que te susurra pesadillas al oído cada noche, tu verdugo y tu sentencia, la misma por la que aún lloras a escondidas y revuelcas.
Me traicionaste, no vivirás para contarlo. Soy tu cadáver, la peste y las tinieblas.
Soy quien dirije la jauría, celebraré bacanales, y le prepararé un festín con tus huesos.
lunes, 25 de diciembre de 2017
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