Quise que yaciéramos dormidos a la expectativa,
pero tu alma trémula vino a mi puerta sollozante,
Invadiendo las tinieblas galopantes,
persiguiendo un fugaz latido
nacido de nuestro indescifrable desamor.
El estar lejos conlleva esta desgracia
te has vestido de cobarde,
mientras tu ausencia me destroza,
con su esencia maligna.
Sigilosa y miserable,
mi cuerpo arde ante tu indolencia.
Desnuda frente al mundo
me siento perdida,
bajo esa mirada inquieta
y tus lágrimas furtivas.
Brindemos ahora, llena mi copa con tu sangre,
hagamos juntos el ritual,
ofrenda mi dolor,
tira a la hoguera ese orgullo ajeno,
para recobrar aquel tiempo pleno, resplandeciente y manso.
Recordemos los caminos mutuos y su eco libertino,
el susurro nocturno de las velas,
la tormenta y su estruendo,
tu voz lejana, tu alma huyendo
de aquella poderosa descarga de adrenalina entre mis venas,
un caudal indomable de lujuria y violencia,
un abismo insondable,
un dolor irrenunciable,
entre la tortura y la fortuna
de sentirte otra vez cerca.