jueves, 1 de febrero de 2018

Me sumerjo en el alcohol
porque vivo rodeada de desolación,
consumida por el miedo.
Terror a la soledad y al abandono
porque me faltó el cariño de una madre y
su incondicional abrazo,
porque ahora ha perdido el juicio
y pese a los años sigue destrozándome.
Me ahogo en el alcohol
cubro mi hedor a cadáver con perfume y maquillaje, el dolor acumulado con los años.
Tras una máscara de serenidad
adorno mi cáscara con flores
sin embargo, continúa mi corazón tan opaco 
hinchado de ponzoña y traición
manando ácido y veneno
a punto de saltar por el balcón.
Me refugio en el alcohol
porque siendo muy joven
me quedé sin futuro.
La mala estrella trazó el camino,
cardos y espinas, bolsillos vacíos
fantasmas, asolación...
hermanos errantes,
sufrimiento, remordimiento, recelo y desamor.
Sobrevivo en el alcohol,
para matar las pesadillas y la angustia
para liberarme del abismo por un rato,
y volver a sentir amor.
Me escudo en el alcohol,
porque paso las noches llenando ceniceros,
cometiendo errores,
quemando promesas,
y entre lágrimas negras,
planifico mi huída,
escribo cartas a los muertos
que jamás serán leídas.

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