No tuvo piedad
asoló todo a su paso.
No le importaron mis gritos,
me negó su abrazo,
tiró mi carne a los perros,
carne también suya,
y que se llenase de gusanos.
En silencio y con violencia,
enterró cada recuerdo,
junto a mi corazón aún latiendo,
raudo encontró reemplazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario