En plenitud reverdecen hoy mis pétalos de plata,
brillan afilados, fulgurantes y salvajes
desafiando al invierno
con su cruel y encarnada usanza de las lágrimas.
Confundida añoraba aquel añejo y perdido paraíso,
el tornasol de sus labios me lo ha devuelto en cuerpo y alma.
Y aquel secreto que antaño fue el peor castigo,
se diluye presuroso entre las sombras de mis ansias.
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