Esa temporada las luces de la ciudad se apagaron antes de tiempo,
Faltaron colores y sonrisas en las calles.
Aquellos días, que desde tuve memoria habían sido espléndidos, perdían sentido y moría lentamente la magia.
En esa oportunidad no hubo copas en alto, ni miradas felizmente ebrias.
Sólo dos abrazos sinceros
Esa noche hubo un techo sobre mis hombros, que me impidió ver las estrellas.
Cómo podría ser un buen comienzo, si no pude saborear las emociones
Porque antes, similar peste, ya me había escupido en la cara.
El dolor es agobiante y no encuentro la cura
Pero jamás ocultaré lo que soy
Debo saber en quién puedo confiar, para poder seguir viviendo
No mezclarme con monstruos, nunca más acariciar su infierno.
viernes, 19 de enero de 2018
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