lunes, 29 de enero de 2018

La tristeza insiste en tocar a mi puerta,
tañendo cascabeles de desolación y muerte.
Por qué justo en éste momento se atreve a oscurecer mi estrella?
Yo tan sólo luchaba por lo que creí que merecía, aquello que gané con sangre y desvelo.
En océanos de llanto se ahoga la esperanza, junto a lo inexorable y la grandeza de lo que no puedo controlar.
Descargando su ira contra mi voluntad y la innegable pequeñez de mi existencia.
Me pisotea y revuelca como a un despojo, arrancando de raiz cualquier atisbo de paz.
Mi mirada al infinito clama perdón y piedad, pero ni siquiera las buenas almas son salvadas del calvario.
Cada quien lleva una cruz tatuada a fuego en su destino, un talismán maligno forjado en el averno.
Raudo se acerca ya el invierno
siento su aroma y desconsuelo.
Viaja rápido colándose por las rendijas,
aquel susurro infunde miedo.
Y aunque parezca imposible, la nieve ya había antes congelado mis eneros.

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